JUAN RAMON ROMERO EFE
Especialistas en meteorología y expertos de la NASA se han visto sorprendidos por la paradoja de que, pese a disminuir el uso de sustancias dañinas CFC, el agujero en la capa de ozono recientemente detectado en la Antártida es el mayor registrado hasta ahora.
El ozono -oxígeno transformado en una composición estable de tres moléculas (O3) por un fenómeno conocido como «alotropía»-se genera en su mayor parte en los trópicos y es el «filtro» que, desde las capas superiores de la atmósfera, protege la Tierra de las radiaciones solares.
Los satélites e instrumentos desplegados por la agencia espacial estadounidense (TOMS) detectaron el pasado 9 de septiembre en la Antártida un agujero en la capa protectora de ozono equivalente a tres veces el territorio de EEUU.
Lo cual, en teoría, no parece compatible con la disminución observada en el uso de productos químicos «clorofluorocarbonados», también llamados CFC, que se ha conseguido en los últimos años, a través de la política de protección medioambiental y de lucha contra el efecto «invernadero».
Richard McPeters, investigador de la NASA en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard, asegura que la paradoja se debe al lento proceso que convierte al CFC en destructivo y, por lo tanto, al lento proceso que lo hará desaparecer.
«Los CFC necesitan mucho tiempo para llegar a la atmósfera, en primer lugar, por lo tanto van a necesitar mucho tiempo para ser eliminados», opina McPeters.
Los CFC son productos químicos utilizados durante casi medio siglo como componentes de aerosoles, refrigerantes y otros líquidos a presión empleados en automóviles y maquinaria de diferente naturaleza.
Hoy, prácticamente, han sido desterrados del mercado, pero sus efectos se mantienen.
De hecho, el agujero en la capa de ozono, la destrucción del filtro natural que protege a la Tierra de las radiaciones, es el mayor registrado hasta ahora.
Otros factores
Los meteorólogos sostienen además que hay factores climáticos que han agravado este año el problema, como la mayor formación de un tipo de nubes las «nubes polares estratosféricas» que, con sus cristales de hielo, actúan como un acelerador del proceso destructivo.
«Si no existieran esos cristales de hielo, no se produciría el tipo de destrucción del ozono que se comprueba cada año», según Richard McPeters.
Mike Newchurch, científico del departamento de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Alabama, en Huntsville, ha manifestado, por su parte, que los aumentos en el dióxido de carbono en la atmósfera pueden crear el mismo efecto que las nubes polares.
Los científicos han comprobado que el dióxido de carbono produce un calentamiento de las capas inferiores de la atmósfera, la troposfera, pero un enfriamiento en las superiores.
«Su efecto en el hemisferio sur es el de acentuar la destrucción de la capa de ozono», según el científico, que también apunta al viento como elemento que acentúa los daños en esa capa. El aire frío sobre la Antartida crea una especie de gigantesco «remolino» de aire, que se denomina el «vortex antártico», que aisla al continente helado del resto de la atmósfera.
El resultado es que ese «remolino» impide la llegada a la Antártida del aire nuevo que posee un alto contenido en ozono, por lo que las imágenes de satélite muestran un «agujero» en la capa protectora.
Las consecuencias
La falta de ozono elimina la protección ante las radiaciones de la luz ultravioleta, lo que está asociado con la aparición de cáncer de piel y las cataratas y se relaciona con los cambios en la inmunidad celular.
Los científicos y meteorólogos de la NASA han comprobado que el Artico, la región polar opuesta, posee un «vortex» similar al que se produce en la Antártida, pero allí las condiciones de los vientos son diferentes.
En 1997 se detectó un agujero incipiente en la capa de ozono del Polo Norte, pero los científicos no lo consideran determinante y lo atribuyen a la alta variabilidad en las condiciones atmosféricas del Artico.
Los investigadores creen que, a medio plazo, la disminución en el uso de CFC producirá una mejoría en el estado de la capa de ozono, pero, por ahora, los daños provocados tiempo atrás, han provocado unas secuelas más importantes de lo inicialmente previsto.
Especialistas en meteorología y expertos de la NASA se han visto sorprendidos por la paradoja de que, pese a disminuir el uso de sustancias dañinas CFC, el agujero en la capa de ozono recientemente detectado en la Antártida es el mayor registrado hasta ahora.
El ozono -oxígeno transformado en una composición estable de tres moléculas (O3) por un fenómeno conocido como «alotropía»-se genera en su mayor parte en los trópicos y es el «filtro» que, desde las capas superiores de la atmósfera, protege la Tierra de las radiaciones solares.
Los satélites e instrumentos desplegados por la agencia espacial estadounidense (TOMS) detectaron el pasado 9 de septiembre en la Antártida un agujero en la capa protectora de ozono equivalente a tres veces el territorio de EEUU.
Lo cual, en teoría, no parece compatible con la disminución observada en el uso de productos químicos «clorofluorocarbonados», también llamados CFC, que se ha conseguido en los últimos años, a través de la política de protección medioambiental y de lucha contra el efecto «invernadero».
Richard McPeters, investigador de la NASA en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard, asegura que la paradoja se debe al lento proceso que convierte al CFC en destructivo y, por lo tanto, al lento proceso que lo hará desaparecer.
«Los CFC necesitan mucho tiempo para llegar a la atmósfera, en primer lugar, por lo tanto van a necesitar mucho tiempo para ser eliminados», opina McPeters.
Los CFC son productos químicos utilizados durante casi medio siglo como componentes de aerosoles, refrigerantes y otros líquidos a presión empleados en automóviles y maquinaria de diferente naturaleza.
Hoy, prácticamente, han sido desterrados del mercado, pero sus efectos se mantienen.
De hecho, el agujero en la capa de ozono, la destrucción del filtro natural que protege a la Tierra de las radiaciones, es el mayor registrado hasta ahora.
Otros factores
Los meteorólogos sostienen además que hay factores climáticos que han agravado este año el problema, como la mayor formación de un tipo de nubes las «nubes polares estratosféricas» que, con sus cristales de hielo, actúan como un acelerador del proceso destructivo.
«Si no existieran esos cristales de hielo, no se produciría el tipo de destrucción del ozono que se comprueba cada año», según Richard McPeters.
Mike Newchurch, científico del departamento de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Alabama, en Huntsville, ha manifestado, por su parte, que los aumentos en el dióxido de carbono en la atmósfera pueden crear el mismo efecto que las nubes polares.
Los científicos han comprobado que el dióxido de carbono produce un calentamiento de las capas inferiores de la atmósfera, la troposfera, pero un enfriamiento en las superiores.
«Su efecto en el hemisferio sur es el de acentuar la destrucción de la capa de ozono», según el científico, que también apunta al viento como elemento que acentúa los daños en esa capa. El aire frío sobre la Antartida crea una especie de gigantesco «remolino» de aire, que se denomina el «vortex antártico», que aisla al continente helado del resto de la atmósfera.
El resultado es que ese «remolino» impide la llegada a la Antártida del aire nuevo que posee un alto contenido en ozono, por lo que las imágenes de satélite muestran un «agujero» en la capa protectora.
Las consecuencias
La falta de ozono elimina la protección ante las radiaciones de la luz ultravioleta, lo que está asociado con la aparición de cáncer de piel y las cataratas y se relaciona con los cambios en la inmunidad celular.
Los científicos y meteorólogos de la NASA han comprobado que el Artico, la región polar opuesta, posee un «vortex» similar al que se produce en la Antártida, pero allí las condiciones de los vientos son diferentes.
En 1997 se detectó un agujero incipiente en la capa de ozono del Polo Norte, pero los científicos no lo consideran determinante y lo atribuyen a la alta variabilidad en las condiciones atmosféricas del Artico.
Los investigadores creen que, a medio plazo, la disminución en el uso de CFC producirá una mejoría en el estado de la capa de ozono, pero, por ahora, los daños provocados tiempo atrás, han provocado unas secuelas más importantes de lo inicialmente previsto.